Teuchitlán y los once mil aplausos

Esta vez no fue en un pequeño pueblito que recibe los regalos de Navidad o la llegada de los Reyes Magos, ni el palenque de Autlán de Navarro. Esta vez fue en Guadalajara, donde se rindió tributo al Señor de los Gallos, como se le conoce a Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación.
Los corridos de Los Alegres de la Barranca sacaron del público asistente un entusiasmo ajeno al dolor y la indignación que desató el campo de exterminio para la mayoría y el campo de adiestramiento para el gobierno.
La rabia social por los hallazgos en el rancho Izaguirre de la comunidad ejidal de La Estanzuela, municipio de Teuchitlán, Jalisco, lejos estuvo de contagiar a los asistentes al auditorio Telmex de la Universidad de Guadalajara.
Al ritmo del corrido El del palenque, ilustrado con imágenes de El Mencho, con fuegos artificiales en el escenario, más de 10,000 asistentes corearon y aplaudieron las melodías interpretadas por el grupo originario de San José del Barranco, comunidad de Badiraguato, Sinaloa.
De lo ocurrido se desprenden múltiples reflexiones. La primera obliga a deslindar responsabilidades. Desde hace varios años se ha intentado poner un freno a las canciones que hacen apología del delito, dedicadas o patrocinadas por presuntos o delincuentes juzgados, pero siempre se han frenado por el respeto a la libertad de expresión. El freno impuesto por los medios de comunicación ha sido superado por las redes sociales; son millones los simpatizantes de los corridos con ritmos tradicionales o los llamados corridos tumbados. Solo El del palenque ha registrado cerca de 50 millones de vistas de 2021 a la fecha.
Luego, la ineludible responsabilidad de la administración del teatro, porque no fue la primera ocasión que se presentó un artista o un grupo del controvertido género que enaltece criminales. No pueden pretextar ignorancia, porque Los Alegres de la Barranca tienen una trayectoria de 20 años interpretando los corridos dedicados a personajes controvertidos. El exceso fue acompañarlos con imágenes del líder del CJNG.
¿Qué decir del público? Pues que los asistentes aplaudieron, se sumaron al homenaje y corearon todas y cada una de las interpretaciones.
Las canciones y corridos que narran pasajes del narcotráfico y sus protagonistas no son una novedad; hay registros desde 1931, pero ha sido en los últimos 50 años que han ido ganando terreno, desde Camelia la texana hasta lo que se escucha en la actualidad.
Las autoridades han formulado críticas y anunciado sanciones: multas por parte del ayuntamiento de Zapopan; el gobierno de Jalisco presentará una iniciativa para prohibir espectáculos donde se haga apología de delitos y delincuentes, y el gobierno de Estados Unidos fue más allá al retirar a los integrantes del grupo las visas de trabajo y de turista.
Del lado de los músicos hay felicidad. Su líder, Pavel Moreno, se mostró complacido por haber sido mencionados en la conferencia mañanera de Palacio Nacional y la respuesta de sus simpatizantes.
¿Y los desaparecidos? En aumento. Después del campo de exterminio en el rancho Izaguirre, se han encontrado fosas y restos humanos en otros predios cercanos a Teuchitlán, Guanajuato, Tamaulipas, Tabasco, Veracruz y los que sigan apareciendo.
Así las cosas. Mientras madres, padres y familiares buscadores siguen escarbando por todo el territorio nacional en busca de los que un día se fueron para no volver, otros cantan y bailan al ritmo de los corridos.
¿Y el gobierno? En lo suyo. Pidiendo que ya dejen en paz al que se fue, que los zapatos no tenían dueño y, sobre todo, echando mano a sus jilgueros a sueldo para insistir en que en Teuchitlán no había un campo de exterminio, sino un campo de adiestramiento. Diría García Harfuch: “No vemos indicios de que haya sido un campo de exterminio, como lo mencionaron (los activistas), sino un centro de adiestramiento”, donde algunos perdían la vida…