Reseña: Crisol Theater of Idols, un juego de horror que usa simbolismo católico y pagano
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Gabriel, creyente del Dios Sol, es enviado a “salvar” una isla llamada “Tormentosa”, donde existe un culto muy poderoso hacia el Dios del Mar. Cuando Gabriel llega, azotado por el violento mar, encuentra una ciudad en ruinas, sangre regada y lo más sospechoso, la falta de cuerpos, tanto vivos como muertos. Poco a poco, Gabriel se adentra en Tormentosa, y no tarda en descubrir que detrás de este misterio y horror están las estatuas tipo ídolos, a quienes hasta hace poco se les adoraba en altares, calles y hogares, pero ahora cobran vida y ataca violentamente a quien se cruce en su camino. Las armas convencionales no les hacen daño a estas figuras como santos. Sin embargo, Gabriel cuenta con la bendición y ayuda de su propio Dios, pero para luchar, para brindarle la fuerza divina que necesita para sobrevivir, este le exige el sacrificio de su propia sangre. Gabriel tiene un arma mágica, cuya munición viene de su propia sangre. Cada vez que quiere abastecerse de balas, debe lastimarse a sí mismo, perdiendo su propia salud, a cambio de tener una forma de defenderse.
Tormentosa, tanto su arquitectura, diseño urbano, como su cultura, están directamente inspiradas de símbolos religiosos propios del catolicismo y del paganismo, que uno puede vincular de inmediato a las fiestas religiosas de España y Latinoamérica. Este diseño provoca una sensación de familiaridad intranquila, ya que aunque hemos crecido rodeados de estas figuras, edificios y maneras de adorar, se vuelven en contra nuestra para acercarnos y causarnos horror. El diseño visual de Crisol es sin duda su punto más fuerte, que lo distingue de otros títulos semejantes, y aunque no es el primero que utiliza símbolos religiosos para construir escenarios de horror (véase Castlevania y Blasphemous, por ejemplo), sí los aprovecha de una manera peculiar, tanto para diseñar el combate contra ellos, como causar una sensación espeluznante que dura toda la campaña.
Si quieres sobrevivir, sacrifícate Más allá del apartado visual, Crisol tiene una otra característica ingeniosa: el sacrificio y la sangre no son solo parte de la narrativa, también de las mecánicas de juego, en especial, en el combate. A diferencia de otros juegos, en especial survival horror, las municiones para tus armas y los recursos de sanación, son exactamente el mismo: tu sangre, y la sangre de los muertos recientes, tanto animales como humanos.


En tu recorrido por Tormentosa encontrarás cuerpos de quienes no pudieron contra el terror, pero su sacrificio no es en vano. Puedes absorber su sangre para sanarte, para adquirir más fuerza, pero cuando se trata de atacar, debes recargar tu arma sacrificando cuanta sangre estés dispuesto a dar; entre más ofrezcas, más munición te darán, así que no malgastes ninguna bala. Aunque esta mecánica hace de Crisol algo ingenioso, no es aprovechada a su máximo potencial. Sentimos que pudieron hacer mucho más con las armas, las habilidades y el sacrificio de la sangre para crear una experiencia más personal entre cada jugador. Sin embargo, nos deja imaginar que una secuela u otro juego podrían trabajar este uso de la sangre y sacrificio con más atrevimiento.
¿Da miedo? Aunque se presenta como un juego de horror a primera vista, en realidad está mucho más enfocado en la acción, semejante al tipo de juego que es BioShock. De hecho, es más propio referirse a Crisol como simulación inmersiva, con una exploración lineal que da prioridad a la narrativa a través de documentos y los espacios que recorres, que un juego de horror en primera persona como Resident Evil Village, por ejemplo. El horror viene en cantidades bajas, así que aquellos que teman jugar a oscuras, no deben preocuparse tanto. Uno que otro susto, pero más énfasis en la acción y exploración de espacios contenidos.
Conclusiones Crisol: Theater of Idols es un juego cuya mejor cualidad es evidente. Su diseño visual lo convierte en algo que el público latinoamericano querrá probar, y valdrá la pena por ello. No obstante, sus mecánicas, aunque interesantes, dejan algo que desear. Es un buen juego indie con alto potencial de mejorar. El horror no tan denso lo vuelve más accesible para los jugadores, y las mecánicas de sacrificio y sangre son entretenidas aunque por un rato. La falta de variedad en enemigos y niveles puede ser tediosa por ratos, pero descubrir este universo hace que valga la pena darle una oportunidad.
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