Mercado laboral en mal estado impide la productividad y el crecimiento

Medido por los afiliados al IMSS, la formalidad absorbe mucho menos trabajadores que los que se integran a la fuerza laboral.

En 2025, en realidad absorbió sólo 72,176 nuevos afiliados, ya que los trabajadores de plataformas digitales que se incorporaron estaban ocupados hace tiempo. Mientras tanto, la población en edad de trabajar y que participa en el mercado laboral aumentó al menos en 800,000 (la población en edad de trabajar aumenta en más de 1.3 millones al año y su participación en el mercado laboral es de 60%).

El desempeño del empleo formal del IMSS en 2025 es el peor del siglo:

– El incremento de empleos formales de 2025, que es menor al promedio anual de los cuatro sexenios anteriores: 72,000 vs 207,000 en 2001-2006, 397,000 en 2007-2012, 670,000 en 2013-2018 y 360,000 en 2019-2024;

– La tasa de crecimiento anual promedio de las nuevas afiliaciones también fue menor: 0.3% en 2025 vs 1.6% en 2001-2006, 2.7% en 2007-2012, 3.8% en 2013-2018 y 1.7% en 2019-2024;

– Y en 2025 la nueva afiliación fue menor que en el primer año de las últimas cuatro administraciones.

Del lado de los empleadores, el número de patrones registrados en el Instituto sufrió caídas pronunciadas en 2024 y 2025:

– 17,911 y 25,667, respectivamente;

– Que contrastan con los incrementos generalizados del siglo y con el tamaño de sus reducciones esporádicas: 11,000 en 2023 y 2024 en conjunto, 7,000 en 2009 y 1,400 en 2020, estos últimos bajo fuertes crisis exógenas.

La pérdida de registro patronal en 2025 fue sólo en empresas pequeñas, de hasta 50 trabajadores:

– Los registros patronales de todos los tamaños de empresas aumentaron en promedio anual en los cuatro sexenios previos;

– Sí hubo caídas de registros de empresas pequeñas en 2003-2005 y 2009-2011, pero muy menores a la caída de 2025;

– La reducción de los registros de empresas pequeñas empezó a mediados de 2024 y se acentuó en 2025.

Este espacio ha insistido en que las numerosas medidas administrativas que se han tomado con la intención de beneficiar a los trabajadores disuaden la formalidad de la actividad económica, al encarecer la creación de nuevas empresas, especialmente pequeñas, y obstaculizar su crecimiento.

Así, se ha preservado y probablemente incrementado el número de empresas informales o de formales que no pueden crecer. En ambos casos, el resultado es en contra de la productividad. Claramente, el sector informal es mucho menos productivo: ocupa al 55% de la fuerza laboral y produce sólo el 26% del PIB nacional. Además, el reducido tamaño de las micro y pequeñas empresas inhibe su productividad, ya que difícilmente pueden especializar a sus trabajadores, contar con los insumos de capital que les permita ser más productivos u obtener financiamiento para crecer.

La mejoría del salario, otras percepciones y prestaciones laborales debe, desde luego, ser un objetivo central de la política pública. Pero debe ser un resultado, o ser acompañado, de mayor productividad. Sin ello, las medidas administrativas para lograr ese objetivo —como el aumento del salario mínimo, la reducción de la semana laboral, más días de vacaciones y mayores contribuciones sociales— acaban perjudicando a la planta productiva y la calidad de la ocupación laboral.

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