Las palabras son las armas de Trump
“Les doy la bienvenida al nuevo Departamento de Guerra —la era del Departamento de Defensa ha llegado a su fin—“. Con estas palabras, el secretario de Defensa de Donald Trump, Pete Hegseth, anunció un cambio radical del rol y misión de su departamento y de las Fuerzas Armadas. A finales de septiembre, en una reunión excepcional y forzada, Hegseth convocó a más de 800 generales y almirantes del ejército estadounidense en la Base del Cuerpo de Marines de Quantico, en Virginia, a pocos kilómetros de Washington D. C. Muchos de ellos viajaron durante horas para escuchar la proclama encendida del secretario. El despliegue escénico y litúrgico de la reunión fue inédito, inusual en tiempos de paz y grandilocuente. Como todo lo que rodea a la comunicación de Trump y su entorno. El secretario buscó un momentum histórico, aunque no fue más que un momento histriónico, excesivo y poco profesional. Pero lo anunció. Y esa es la realidad, y el dato.
