Happy Trump y el espejo autoritario de México
Parece un siglo, pero es apenas un año, el primero de cuatro o el quinto si tomamos en cuenta que Donald Trump está ahora en su segundo mandato como Presidente de Estados Unidos.
El Trump del 2017 dejaba ver la improvisación de quien parecía no creer que realmente había llegado a la presidencia. El Trump 2.0 del segundo mandato claramente se preparó para ello, estructuró una agenda y un equipo con una ideología cuestionable pero sólida.
Para México, Trump 2.0 es una ironía, porque ese personaje más radical es curiosamente más “mexicano” en sus formas. El republicano parece haber cursado en su “cuatrienio sabático” un doctorado en populismo bajo la tutoría informal de López Obrador.
Hay que ver cómo hoy Trump utiliza símbolos que parecen calcados del estilo lopezobradorista. Desde su “Happy Trump”, ese pin en la solapa con su propia caricatura que es a todas luces la versión estadounidense del “Amlito”; hasta la retórica de confrontación diaria que busca monopolizar la narrativa nacional.
Juan Trump, como le llamaba a AMLO, le enseñó al Presidente reelecto de Estados Unidos que los simbolismos y el ataque sistemático a las instituciones son algo más que ruido, son herramientas de control total.
La disciplina del republicano le ha permitido perfeccionar todas esas mañas del manual del populista, con el agregado de estar sentado en la silla presidencial más poderosa del mundo.
La paradoja para México es que ahora se ha volteado en contra de su “alma mater del populismo” para usar todo ese arsenal apuntado hacia nuestro país ante la ausencia en el poder formal de su amigo López Obrador.
A diferencia del carisma desbordante que AMLO utilizaba ante un inexperto Trump en su primer mandato, hoy la presidenta Claudia Sheinbaum proyecta una frialdad doctrinaria que impone una distancia que, sin embargo, le ha permitido a la mandataria mexicana mantener una relación de respeto forzado.
Por más incómodo que se sienta el Presidente de Estados Unidos con la cercanía ideológica del régimen mexicano con los dictadores latinoamericanos, por más evidencias de corrupción y complicidad con el crimen organizado que dejan ver no pocos integrantes de la cúpula dorada del morenismo; y con todo y los lances autoritarios de desmantelamiento institucional y democrático que padece México, Trump y su país necesitan de su vecino del sur.
Evidentemente Trump tiene ventaja sobre México desde su posición hegemónica, y en este 2026 tiene la herramienta de la renegociación del T-MEC para imponer sus condiciones, porque convierte al comercio en un rehén de la agenda migratoria y de combate al narcotráfico.
Este mes no solo marca el inicio del año dos de este segundo mandato, también queda como el enero de la captura de Nicolás Maduro en Caracas y eso manda mensajes sobre la definición de las lealtades.
El respeto que Trump muestra por Sheinbaum no nace de la afinidad, como la tenía con su amigo López Obrador, sino del reconocimiento de que ambos comparten el lenguaje del poder interno sin contrapesos.
Pero la ventaja la lleva el populismo del primer mundo, el Happy Trump que ha mostrado qué pasa cuando se combinan los pulsos autoritarios con el poder económico, político y militar más grande del planeta.
El respeto que Trump muestra por Sheinbaum no nace de la afinidad, como la tenía con su amigo López Obrador, sino del reconocimiento de que ambos comparten el lenguaje del poder interno sin contrapesos.
