El doble filo del superpeso para remesas, finanzas públicas y empresas

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El “superpeso” mexicano persiste y pese a los episodios de volatilidad e incertidumbre que se acumulan en el año, la divisa emergente ya se apreció 4.53% y cotiza cerca de los 17 pesos por dólar. Incluso UBS, firma global de servicios financieros, ya modificó su perspectiva y anticipa que el tipo de cambio cotice en 17.2 pesos por dólar al cierre de 2026. Pero un “superpeso” no es una buena noticia para todos . Y hay ganadores y perdedores , por ejemplo, existen efectos negativos para las finanzas del gobierno , las familias que dependen de remesas y las empresas exportadoras .

Finanzas públicas: más ahorro en deuda, menos ingresos petroleros

Al mismo tiempo, los importadores y empresas que tienen gastos y costos en dólares y ventas en pesos están reportando una ganancia extraordinaria derivada de la diferencia cambiaria . Ramón de la Rosa, director de Estrategia de Mercados en Actinver, explica que la apreciación del peso tiene un efecto mixto sobre las finanzas públicas. Por un lado, cuando el peso se fortalece, el costo financiero de la deuda denominada en dólares disminuye al convertirlo a moneda nacional. Sin embargo, también se reducen los ingresos petroleros al convertir a pesos las ventas de crudo realizadas en dólares. “De acuerdo con las sensibilidades de la Secretaría de Hacienda, por cada 50 centavos de apreciación cambiaria, los ingresos petroleros caerían 21,000 millones de pesos, mientras que el costo financiero bajaría 9,000 millones”, explica de la Rosa y enfatiza que, al final, el saldo neto es negativo. Hacienda proyecta, en sus criterios generales de política económica para 2026, que el dólar cotice en 19.30 pesos por unidad a lo largo del año, en promedio, y cierre en un nivel de 18.90. Banco Base llega a una conclusión similar con otras métricas, una apreciación de 20 centavos generaría un ahorro de 3,400 millones de pesos en el costo financiero, pero implicaría una caída de 8,300 millones en ingresos petroleros. En términos netos, el golpe supera al ahorro. Es decir, un peso “demasiado fuerte” también puede convertirse en un problema fiscal, sobre todo en un contexto donde el gobierno busca mantener disciplina presupuestaria y depende de variables como el precio del petróleo, el crecimiento económico y las tasas de interés. A esto hay que añadir el reciente desplome de los precios del petróleo, ante una mayor oferta, una demanda que no crece y un posible apaciguamiento en las relaciones entre Estados Unidos e Irán.

Remesas, menos pesos en el bolsillo El efecto también se siente en los hogares que reciben remesas. Cuando el peso se aprecia, cada dólar enviado desde Estados Unidos se convierte en menos pesos. El impacto final depende de si el crecimiento en dólares compensa o no la apreciación cambiaria. En 2025 ocurrió lo contrario. De hecho, de acuerdo con el especialista de Actinver, las remesas en dólares cayeron 4.6% anual y, al sumar una apreciación de 13% del peso frente al dólar, el ajuste en pesos fue de -17%. Es decir, las familias no solo recibieron menos dólares, sino que cada dólar valió menos al convertirlo. En un país donde las remesas superan los 60,000 millones de dólares anuales y representan una fuente clave de ingreso en muchas regiones, este efecto cambiario tiene implicaciones directas sobre el consumo local.

Exportadores e importadores, ¿quién gana? Las pymes sin coberturas

Por otro lado, de acuerdo con UBS el tipo de cambio cercano a 17 pesos por dólar refleja, más allá de la especulación financiera, cada vez más los fundamentos sólidos de la economía de México y enumera, por ejemplo, mejora en la balanza comercial no petrolera, exportaciones récord y una política monetaria cautelosa por parte de Banxico. Sin embargo, para las empresas exportadoras, un peso fuerte implica menores ingresos en pesos por cada dólar vendido al exterior. Sectores como el manufacturero o el agroexportador ven comprimidos sus márgenes si no logran trasladar costos o aumentar productividad. En contraste, las compañías importadoras se benefician: insumos, maquinaria y bienes intermedios se abaratan en términos de pesos, lo que puede ayudar a contener costos e incluso presiones inflacionarias. Kimberly-Clark de México, por ejemplo, es vista por Actinver como una de las empresas más beneficiadas del entorno cambiario actual, ya que “cerca del 60% de sus materias primas son dolarizadas, y sus ventas en pesos, este beneficio por el tipo de cambio ya se empezó a reflejar en sus resultados recién publicados del cuarto trimestre de 2025”, explicó Antonio Hernández, Director Análisis Fundamental de Consumo de la firma. Las Pequeñas y Medianas empresas también se ven sometidas a los efectos de un peso fuerte y, por lo general, esto las lleva a confiarse en que podrán seguir importando insumos más baratos, debido a la debilidad del dólar. No obstante, Nicolás Eguiarte, director de desarrollo comercial y crecimiento de Banco Base, si el peso sube “no quiere decir que se va a quedar así, ya que el mercado se puede comportar, en cualquier momento, muy fuera de la planeación del presupuesto”. En el caso de los exportadores, ejemplifica, sí puede haber un impacto real. “En abril de 2025 estabas en 20.80 pesos por dólar y en noviembre ya estabas por debajo de 18. Son casi tres pesos por dólar, ¿de dónde vas a sacar esos tres pesos por cada dólar que estás dejando de recibir?”, señala. Además, cuando el dólar está muy barato, también se complican los pagos de la nómina. Por ejemplo, una empresa exportadora tenía que vender 100,000 dólares que, convertidos a pesos, eran suficientes para pagar el salario de los empleados. Mientras más se aprecia el peso, el exportador tendrá que vender ahora 110,000 o 120,000 dólares para cumplir con esta obligación, explica Eguiarte y resalta que por eso es importante contratar coberturas para el cambio de divisas.

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