Cartas tristes de la familia y los amigos en Cuba

Cartas tristes de la familia y los amigos en Cuba

Mi tía D., que ha comenzado a perder la memoria, y dice nieto al primo y sobrino al hermano, distorsionando así todo lo sagrado, está molesta con el vendedor de pan, que si el lunes le daba una bolsa en 320 pesos cubanos (0,64 dólares), para el miércoles ya se la ofrecía en 350 (0,70 dólares), una diferencia que mi tía nota en su letargo, porque en la familia el único altar que siempre ha importado es el de la comida. Nunca nos faltó, ni siquiera en los peores años del Periodo Especial, en el que mi padre y sus hermanos se agenciaron mil formas de servir la mesa. No era una familia propiamente disidente, mucho menos comunista, y la única política en la que creían era en la de la barriga llena. A esa verdad nos redujo el país.

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Filas en una tienda en La Habana, en febrero de 2026.

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