Crecen fortunas de Larrea y Baillères; cae PIB minero-metalúrgico

El auge mundial de los precios de los metales ha provocado un fuerte crecimiento en la fortuna de los dos grandes magnates mineros de México. El valor de las empresas de Germán Larrea Mota Velasco pasó de 28,600 millones de dólares en 2025 a 59,500 millones el 22 de enero de 2026. En el caso de Alejandro Baillères Gual, el incremento en su patrimonio fue de 9,000 millones en 2025 a 19,000 millones en la tercera semana de enero.

Los datos son producidos por Forbes, que inventó el concepto de las Listas de Billonarios. La publicación da cuenta también del ascenso de estos magnates en la lista mundial. En un año, Germán Larrea pasó del número 63 al 30. Alejandro Baillères (y familia) pasaron del sitio 329 al 132. Estos grupos empresariales no se limitan a la minería, pero el incremento de su fortuna en los últimos meses se asocia al comportamiento de los metales.

En 2025, el precio del oro subió 64% y en lo que va de 2026 se ha incrementado un 14% adicional. La plata incrementó su valor en 147% en 2025 y ha subido un 35% más en 2026. El cobre ganó 42% en 2025 y lleva 2.5% más en lo que va de 2026.

Germán Larrea es el rey del cobre y CEO de Grupo México. El cuarto mayor productor del mundo de este metal. La mina más grande de Grupo México es Buenavista del Cobre, en Cananea. Opera también en Estados Unidos, Perú, Argentina, Chile, Ecuador y España. Además de minas, tiene fundiciones, refinerías de metal y otros activos. Más allá de la minería, opera la red ferroviaria más grande de México, con más de 10,000 kilómetros de vías que conectan a México con Estados Unidos. Es propietario también de la cadena de cines Cinemex.

Alejandro Baillères es CEO de Grupo BAL. Tiene operaciones en México, Estados Unidos y Sudamérica. El grupo incluye Peñoles y Fresnillo. En comercio, Palacio de Hierro y TANE. En el sector financiero, Grupo Nacional Provincial, Profuturo y Valmex.

En la Bolsa Mexicana de Valores, las acciones de Peñoles se apreciaron 255% en 2025. En la Bolsa de Londres, los títulos de Fresnillo PLC subieron 436 por ciento.

Grupo BAL es propietario de Fresnillo, la mayor mina de plata del mundo, que se encuentra en Zacatecas. Tiene también Sabinas, que produce plata, zinc y cobre en Zacatecas; Tizapa, que produce oro, plata, zinc y cobre en el Estado de México. Es uno de los mayores productores de plata refinada en el mundo. Tiene el complejo metalúrgico Met-Mex en Coahuila y una planta química en el mismo estado.

México es un país con una larga tradición minera y una historia de grandes fortunas asociadas a esta actividad. No debe extrañarnos que un boom de precios mundiales eleve aún más el valor en Bolsa de las mayores empresas mineras y el patrimonio de los empresarios relacionados con ellas. Lo extraño es que en 2025 la producción minero-metalúrgica registre un decrecimiento de 4.2% a tasa anual hasta el mes de diciembre. Medido en toneladas (no en valor), la producción de oro cayó 4.6%; la de plata 2.9% y la de cobre 6.9 por ciento.

Somos un país minero que no tiene una política pública acorde con la riqueza de nuestro subsuelo y nuestra historia en la actividad. El sexenio pasado, la actitud presidencial hacia la minería fue hostil e ignorante. La consecuencia es que se detuvieron decenas de proyectos y no se hicieron las inversiones que hubieran permitido aprovechar el mayor auge en los precios de los minerales en una generación. Más allá del oro, plata y cobre, está el valor geopolítico de los 17 minerales raros. Hay potencial en 10 de ellos en México. Si queremos estar en el juego del futuro, nos toca empezar por recuperar el tiempo perdido en el sexenio pasado.

¿Cuándo tendremos una verdadera política minera? Había 176 proyectos de inversión minera detenidos por cuestiones regulatorias. Las autoridades dicen que se han activado 110 de ellos y podrían generar inversiones del orden de los 11,000 millones de dólares. Quedan 66 pendientes… cuando menos.

La lista de Forbes deja claro que la carencia de una política minera no les quita el sueño a los billonarios. Los datos del INEGI nos demuestran lo mucho que cuestan las malas decisiones. No a Larrea ni a Baillères, a las regiones mineras, a la gente que vive en ellas y a los sectores que necesitan de la minería en todo México.

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