Estados Unidos expandió su territorio con compras, ¿puede hacerlo una vez más?

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, descartó por primera vez el uso de la fuerza para tomar Groenlandia y exigió “negociaciones inmediatas” para comprar este territorio autónomo de Dinamarca, un aliado de la OTAN. “Solo Estados Unidos puede proteger esta gigantesca tierra, este gigantesco pedazo de hielo, desarrollarlo, mejorarlo”, afirmó el mandatario.

Prometió “no usar la fuerza” para tomarla, pero exigió “negociaciones inmediatas para volver a discutir la adquisición de Groenlandia” pese a que Dinamarca ha reiterado que no está en venta. La idea de adquirir Groenlandia no es única en la historia de Estados Unidos. El país norteamericano logró el crecimiento de su territorio gracias, en parte, a los acuerdos de compra de territorios.

Los territorios que Estados Unidos obtuvo por compras En 1803, Francia y Estados Unidos acordaron la venta de Luisiana por 15 millones de dólares de la época, que —según datos de la organización Global Policy Forum— equivaldrían a unos 193 millones de dólares de 2005. De manera parecida, Estados Unidos llegó a un acuerdo con España para comprar Florida por cinco millones de dólares, dinero que Madrid nunca recibió ya que Washington usó para saldar las cuentas que algunos ciudadanos estadounidenses mantenían con España. California, Nevada, Utah y algunos territorios más, técnicamente, también fueron adquiridos por Estados Unidos en el Tratado Guadalupe-Hidalgo, al final de su guerra con México, en 1948. Esta extensión de tierra era más de la mitad del territorio mexicano. Alaska fue vendida por Rusia en 1867. Este acuerdo es considerado uno de los errores geopolíticos más graves de la historia, pues Estados Unidos —que años después se convirtió en el mayor adversario de Moscú— explotaba recursos energéticos en este territorio y le dio acceso directo al Ártico.

Incluso, Dinamarca ya antes le ha vendido parte de sus dominios, pues Estados Unidos le compró por 25 millones de dólares las Indias Occidentales Danesas, que acabarían siendo rebautizadas como Islas Vírgenes. En 1898, tras la guerra con España, Estados Unidos obtuvo Puerto Rico y Guam mediante el Tratado de París, y se anexionó Hawái ese mismo año. Aunque no todas estas incorporaciones fueron compras directas, formaron parte del proceso de expansión territorial del país.

Los intentos de EU de hacerse de Groenlandia Las ambiciones de Estados Unidos por Groenlandia no son nuevas y no empezaron con la presidencia de Trump. Esta isla territorio forma parte de la zona de interés de Estados Unidos, señaló a AFP Astrid Andersen, historiadora del Instituto Danés de Estudios Internacionales. “Durante la guerra, cuando Dinamarca fue ocupada por Alemania, Estados Unidos se apoderó de Groenlandia. En cierto modo nunca se fueron”, explicó. En 1946, terminada la Segunda Guerra Mundial, el presidente estadounidense Harry Truman, ofreció a la corona danesa 100 millones de dólares por la isla, pero Copenhague rechazó llegar a un acuerdo. Estados Unidos tiene presencia en la isla. Groenlandia es el hogar de la Base Aérea Thule, la base más al norte del ejército estadounidense, ubicada a unos 1,200 kilómetros sobre el Círculo Polar Ártico y construida en 1951.

El radar y el puesto de escucha cuentan con un Sistema de Alerta Temprana de Misiles Balísticos que puede advertir sobre misiles balísticos intercontinentales entrantes y tiene alcance hasta miles de kilómetros dentro del territorio ruso. Cuando Trump llegó al poder por primera vez también mostró su interés por la isla. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, dijo entonces que “Groenlandia no está en venta”, una negativa que llevó a Trump a suspender una visita oficial prevista para septiembre de 2019, lo que generó una breve crisis diplomática.

¿Es posible que Trump compre Groenlandia? Trump dijo más tarde que logró el marco de un futuro acuerdo sobre Groenlandia y dio marcha atrás en sus amenazas de imponer nuevos aranceles a varios países europeos opuestos a su plan de adquirir este territorio autónomo de Dinamarca. El presidente dijo a los periodistas que este acuerdo es “fantástico para Estados Unidos” y le da “todo” lo que quería, especialmente en temas de seguridad nacional y de seguridad internacional, y que estará en vigor “para siempre”. Aún falta conocer los detalles del marco de negociación anunciado por Trump. Sin embargo, cualquier acuerdo sobre el futuro de Groenlandia tendrá poco que ver con las adquisiciones que Estados Unidos realizó en los siglos XIX y XX, de acuerdo con especialistas.

“En pleno siglo XXI, este tipo de acciones son mucho más difíciles, no porque haya desaparecido el interés de Estados Unidos por ampliar su influencia o control sobre espacios estratégicos, como Groenlandia, sino porque cambiaron los costos político y los límites normativos”, dice José Joel Peña, profesor de relaciones internacionales de la FES Acatlán de la UNAM. Dijo que hace dos siglos, la expansión naturalidad de las grandes potencias se aceptaba con naturalidad, sobre todo cuando esta terminaba vencedora en un conflicto. por ejemplo como en el caso del Tratado Guadalupe-Hidalgo, sin importar que pudiera afectar a la población de los territorios recién apropiados. “Ahora hay una expectativa más fuerte de que las fronteras no se van a modificar ni con amenazas ni con la fuerza ni con la coerción”, dijo Peña. “Cualquier cambio territorial solo puede sostenerse si se percibe como plenamente legítimo y voluntario, de acuerdo con las normas del derecho internacional”. El especialista también señaló que Estados Unidos no es el único país que ha mostrado un interés expansionista en años recientes. Puso como ejemplo a Rusia, que invadió a su vecino Ucrania hace casi cuatro año y reclama de la posesión de casi todo el este de este país. O Israel, que sigue con sus planes de ocupación en Cisjordania y la Franja de Gaza. Peña explicó que en caso de no llegar a un cuarto que respete la autodeterminación del pueblo groenlandés, en el caso de las ambiciones estadounidenses, esto puede tener consecuencias peligrosas para todos los involucrados. “Una decisión de esta magnitud no se resuelve con una transacción, sino con un proceso legítimo de voluntad de sus respectivas poblaciones. Esto vuelve difícil cualquier solución rápida, porque aún con un acuerdo formal, carecería de base social y sería inestable desde el inicio”, dijo el especialista en Derecho Internacional.

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