La vida en Cuba tras la amenaza de Trump: “Esto es un barco a la deriva”

Hace ya 67 años y La Habana todavía recuerda la entrada victoriosa de Fidel Castro y el resto de sus barbudos. Tras salir por la mañana de un colegio militar, un convoy de camiones avanza a medio día desde el Malecón atravesando la ciudad por la misma ruta original. Subidos en los camiones verde oliva, hay chicos y chicas jóvenes con banderas rojas, puños en alto y vivas a Fidel. En la acera, se ha ido arremolinando gente: alguna bandera, alguna pancarta, pero lo que más resalta son las camisas amarillas de los teleoperadores de la agencia de turismo estatal y los uniformes del colegio. Es también tradición que cada 8 de enero, los trabajadores públicos y los estudiantes tengan permiso, por utilizar el eufemismo oficial, para tomarse una pausa y salir a celebrar el insólito triunfo armado del socialismo en esta isla del Caribe. Un experimento que, después de tantas décadas de equilibrios geopolíticos, idealismo, mano dura autoritaria y aislamiento, atraviesa una de las etapas más frágiles y difíciles de su historia.





