El ataque de Estados Unidos a Venezuela pone a prueba la influencia de China en Latinoamérica
En 1999, al poco de desatar su revolución bolivariana, el entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez, inició su primera gira internacional con un viaje a China. Buscaba estrechar lazos; fue un viaje fructífero: sellaron acuerdos para incrementar el flujo de petróleo desde la Faja del Orinoco, iniciativas en el sector energético y la promoción de inversiones del país asiático en Venezuela. “Pedimos a China que continúe con su esfuerzo para que el mundo no sea regido por un policía universal que lo imponga todo”, reclamó Chávez. Le seguirían años de idilio. La sed de recursos del gigante manufacturero engrasaría a partir de entonces la sintonía entre Caracas y Pekín.
