Central eléctrica termo-solar en BCS, ¿otra costosa ocurrencia?

Baja California Sur (BCS) es una isla. Una isla en materia eléctrica. Está aislada del continente y de Baja California. Se abastece de centrales termoeléctricas de combustóleo y diésel altamente contaminantes ubicadas en La Paz y en Los Cabos, de algunas pequeñas instalaciones solares fotovoltaicas, y de una central eólica de capacidad limitada (50 MW). La demanda total de energía eléctrica en BCS es de entre 600 y 700 MW, la cual crece aceleradamente. Hay varias opciones para satisfacerla. Es posible llevar gas natural por gasoducto desde Sinaloa, o, comprimido o licuado, por barco. En cualquier caso, se requieren complejas y costosas infraestructuras portuarias y de regasificación o (des)compresión, injustificables económicamente por lo pequeño del mercado. Otra opción es un cable submarino de interconexión con el Sistema Eléctrico Nacional por el Mar de Cortés (muy costoso). Una más, es aprovechar el gran potencial geotérmico que tiene BCS, dado su contexto tectónico y volcánico, en el Volcán de las Vírgenes (cerca de Santa Rosalía), o en la Purísima en Comondú. Igualmente es posible el desarrollo de energía eólica a mayor escala, ante el notable potencial que tiene el estado en la región de La Paz, La Ventana, y offshore en Bahía Magdalena (aunque no es recomendable demasiada intermitencia eólica en un sistema eléctrico pequeño). La opción más obvia, ante el clima y emplazamiento geográfico de BCS, sin embargo, es el desarrollo a escala suficiente de centrales de energía solar fotovoltaica acopladas a sistemas de baterías para abastecimiento nocturno. Estas podrían ser instaladas por el sector privado, en menos de un año, con baja complejidad y riesgo, flexibilidad de escala, bajo mantenimiento y alta confiabilidad. (Pero, la ideología gubernamental dominante lo descarta). Sin embargo, el gobierno presentó esta semana una nueva idea. Se trata de dos centrales termo-solares de 100 MW de potencia cada una, a un costo total estimado de 800 millones de dólares. (Aunque ya sabemos lo que ocurre con los costos reales de los mega proyectos de la 4T, como Dos Bocas y Tren Maya). Este costo de inversión sería aproximadamente 50% mayor que el costo de centrales solares fotovoltaicas de la misma potencia dotadas de sistemas de baterías.

Una central termo-solar concentra la radiación solar con espejos para producir calor, que a su vez genera vapor de agua a altas temperaturas, para mover una turbina conectada a un generador eléctrico, como en cualquier central termoeléctrica. A diferencia de la energía solar fotovoltaica, no convierte la luz solar directamente en electricidad, sino que primero la transforma en energía térmica. Su ventaja es que el calor generado se puede almacenar en sales fundidas que permiten producir electricidad de noche. (Sin embargo, esto es menos relevante al abatirse los costos de las baterías para centrales fotovoltaicas). Hay algunas centrales termo-solares en España, Chile, Emiratos, Marruecos y Estados Unidos. La construcción de una central termo-solar es de una gran complejidad de ingeniería civil y electro mecánica. Se requiere un enorme terreno para ubicar miles de heliostatos o colectores parabólicos alineados con precisión milimétrica, y que sigan al sol con complicados mecanismos rotatorios en dos ejes; una gigantesca torre de concreto y acero de 200 metros de altura con un receptor en la parte alta para concentrar el calor solar a temperaturas de entre 500 y 1,000 °C; una compleja red de tuberías de aceros especiales; grandes tanques para sales fundidas; turbinas de vapor, y generadores, como en una termoeléctrica convencional. Las centrales termo-solares también pueden ser “horizontales”, es decir, con muchas hileras de espejos curvos en forma de canal parabólico que giran siguiendo al sol durante el día. Estos espejos concentran la radiación solar sobre un tubo receptor situado en su línea focal, dentro del cual fluyen aceite o sales fundidas entre 300 y 400 °C. Este, igualmente, transfiere calor (con un intercambiador de calor) al agua, que se introduce como vapor en una turbina conectada a un generador eléctrico. La construcción de una planta de 100 MW puede llevar más de 5 años, y una inversión masiva en obra civil, espejos muy sofisticados, equipos electromecánicos, y sistemas de control. Su operación es muy complicada ya que debe haber un ajuste continuo de los espejos o heliostatos que siguen al sol, y de las sales fundidas para evitar que se solidifiquen, con altos costos de mantenimiento.

Las centrales termo-solares son más caras que las fotovoltaicas – que convierten directamente la luz del sol en electricidad sin piezas móviles en paneles solares – aun incluyendo sistemas de baterías. Además, son menos eficientes (eficiencia de entre 15% y 20%), y el costo nivelado de la energía es mayor ($/KWh). Aparte, sus consecuencias ambientales pueden ser escalofriantes (por ejemplo, rostizar miles de aves), además de impactar al doble de terreno por cada MW de potencia. CFE no tiene capacidad para llevar a cabo este tipo de proyecto. México enfrenta otra ocurrencia muy riesgosa y onerosa. ¿Qué puede salir mal?

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