Armonía: El nuevo rostro de la cirugía plástica

En 2025, la cirugía plástica vive una transformación. Hoy, la demanda se orienta hacia procedimientos que buscan resultados discretos y funcionales.
“Mis pacientes no quieren parecerse a otra persona. Buscan verse bien, sin cambios evidentes”, comenta el Dr. Alberto O’Farrill, cirujano plástico con formación en México y España, en entrevista con El Economista.
Su enfoque parte de un principio claro: restaurar lo que el paso del tiempo, la enfermedad o un accidente han alterado.
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Desde cirugías como la blefaroplastia (cirugía de párpados) o la lipoescultura hasta tratamientos como toxina botulínica, skin boosters e hidrafacial, el objetivo es ayudar al paciente a recuperar su imagen sin alterar su identidad.
Menciona que el auge de los bioestimulantes de colágeno —como Sculptra, Radiesse o Profilo— permite rejuvenecer el rostro sin generar volumen artificial. Estos productos promueven la producción natural de colágeno, mejoran la textura y mantienen las proporciones reales del paciente.
Protocolo
El primer paso es una evaluación médica que permita conocer las condiciones físicas del paciente, sus antecedentes y sus expectativas. “Cada caso requiere un análisis puntual. Esto permite definir un tratamiento adecuado y minimizar riesgos”, dijo O’Farrill.
Explica que, a partir de los 30 años, muchas personas pueden iniciar protocolos que retrasan los signos del envejecimiento. “Cuando alguien se siente bien con su imagen, mejora su seguridad, sus relaciones y su desempeño en diferentes áreas de la vida”, concluyó.